En el Barrio Santa Lucía, el agua brotó sin control, mezclándose con lodo e incertidumbre. Una fuga más en la calle Julio M. Corzo dejó viviendas sin agua potable y vecinos sin respuesta clara. Mientras SAPAM tardó en reaccionar, el malestar creció. No es la primera vez que ocurre, y los habitantes ya no solo piden arreglos: exigen soluciones duraderas. El agua fluye… pero también la frustración de quienes viven este problema repetidamente.
JACQUELINE VELASCO
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