En Zitácuaro, Michoacán, el crimen cobró la vida de un niño de cinco años. Su familia fue sorprendida por un tiroteo entre grupos armados, reflejo del abandono estatal. La comunidad vive entre el miedo y la impotencia, mientras las balas superan a los abrazos prometidos. La indignación crece y las voces que claman justicia se multiplican. La violencia ya no distingue edades, y la tragedia de hoy podría repetirse mañana si no hay un cambio urgente.