Lejos de las pantallas y los videojuegos, un grupo de niños en Berriozábal ha encontrado en el bajo eléctrico un canal para expandir sus límites y transformar su tiempo libre. Aunque este instrumento suele ser el “héroe anónimo” que sostiene el esqueleto de cualquier melodía, domar sus gruesas cuerdas representa un verdadero desafío físico y mental para los más pequeños. Sin embargo, a través del juego y la disciplina, este taller musical no solo les enseña a coordinar notas y ritmos, sino que se ha convertido en la herramienta perfecta para mejorar su concentración y desestresarse de la rutina académica del fin de semana.
Jorge David Pérez.
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