Son las 7 de la mañana y, mientras cientos de tuxtlecos quedan atrapados en el tráfico de la hora pico, un drama de supervivencia ocurre justo sobre sus cabezas. En el norte poniente de la capital, un halcón esmerejón, un ave rapaz migratoria, desciende a gran velocidad para reclamar su desayuno diario en una vialidad concurrida; una escena de naturaleza pura que pasa desapercibida por la “ceguera urbana”. Ante este desconocimiento, un grupo de ciudadanos y expertos ha decidido combatir la rutina a través de las “pajareadas”, un ejercicio de ciencia ciudadana que busca redescubrir la asombrosa diversidad de aves que eligen a Chiapas como refugio, recordándonos que la salud de nuestro entorno se mide por la libertad de quienes surcan sus cielos.
Jorge David Pérez.
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