Vestidas con trajes largos tradicionales, y con movimientos lentos y elegantes, las artistas dan la ilusión de deslizarse como si estuvieran sobre ruedas, pero todo se logra con pequeños pasos ocultos bajo el vestido. Inspirada en el folclor ruso, Beryozka no solo es danza, es poesía visual. Su nombre hace referencia al árbol de abedul, símbolo de la belleza y la feminidad eslava.