En el corazón de Tuxtla Gutiérrez, una de las expresiones artísticas más antiguas de la región encuentra un nuevo respiro: el bordado Zoque. A través de la técnica ancestral conocida como “punto de lomillo”, manos chiapanecas transforman telas simples en lienzos que narran la historia y simbología de un pueblo. Más que una labor artesanal, esta práctica se ha consolidado como un acto de resistencia cultural y un espacio de hermandad, donde la paciencia de la aguja y el hilo fortalece el tejido social de la capital, garantizando que el legado zoque siga vivo y vibrante en las nuevas generaciones.
Jorge David Pérez.
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