En el corazón de Ocozocoautla, el lunes de Carnaval transforma las calles en un laberinto de fe y memoria. Mientras el talco cubre el exterior, las seis Cohuinás abren sus puertas para un ritual sagrado que ha resistido el paso de los siglos: la visita donde el cargo se reconoce en el otro a través del saludo y la venia. Entre el aroma a chocolate caliente y el sabor del puxinú y el ponzoqui, los habitantes de “Coita” demuestran que la tradición no solo se baila, sino que se sufre y se goza con el alma, manteniendo un latido cultural que se niega a ser olvidado.
Jorge David Pérez.
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