En Tuxtla Gutiérrez, la Danza de la Pluma brilla por sus majestuosos penachos, pero su valor va más allá de lo visual. Aunque utilizan plumaje de guacamaya y pavo real, los danzantes rechazan la caza. Gracias a convenios con Unidades de Manejo Ambiental (UMA), obtienen las plumas legalmente durante la muda natural de las aves. Estos tesoros artesanales, que pueden durar hasta 40 años, demuestran que la fe zoque y la conservación ambiental caminan de la mano.
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