En una época donde los dispositivos digitales dominan la infancia, surgen alternativas esenciales que apuestan por el desarrollo tradicional y respetuoso. Con ese propósito nace Color Club, un salón creativo impulsado por Cristina Hernández que busca alejar a los niños de las pantallas para sumergirlos en el arte, el juego libre y la pintura. Este espacio no solo estimula la creatividad y la exploración emocional de los más pequeños, sino que se consolida como un entorno inclusivo ideal para la convivencia familiar y el desarrollo de niños neurodivergentes de la mano de profesionales.
Elizabeth Marina.
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