Entre el ruido de motores, cables y herramientas, don Simón Miranda mantiene vivo un oficio que requiere la paciencia que solo dan los años. En un rincón de Tuxtla Gutiérrez , este extipógrafo que vio morir la era de la imprenta manual bajo el peso de la tecnología, se ha negado a quedarse obsoleto. Ante un mercado laboral que suele cerrar las puertas a la tercera edad, don Simón convirtió la reparación de electrodomésticos y reliquias mecánicas, como máquinas de coser de hace 80 años, en su trinchera de dignidad y autoempleo para seguir llevando el sustento a casa.
Reynaldo Esquinca.
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