En Suchiapa, Chiapas, una familia ha conservado el arte de la alfarería por tres generaciones. Todo comenzó con los abuelos, quienes heredaron el oficio de sus antepasados. Hoy, hijos y nietos continúan moldeando barro, creando piezas únicas como ollas, jarrones y maceteras, que llegan a municipios vecinos y otros estados. Con pigmentos naturales y hornos de barro, preservan una tradición que honra su cultura y mantiene viva la memoria familiar.
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