Tomar un pozol bien frío en jícara es un ritual sagrado en Chiapas, pero esta costumbre hoy enfrenta un desafío sin precedentes. La creciente escasez de productores locales en Tuxtla Gutiérrez ha comenzado a impactar directamente a los comercios tradicionales, quienes reportan una dificultad crítica para conseguir estos recipientes artesanales. Ante el desinterés de las nuevas generaciones por un oficio que consideran poco redituable, empresarios como María José Camacho Méndez se ven obligados a buscar proveedores en estados como Oaxaca, lo que no solo eleva los costos, sino que pone sobre la mesa una dolorosa posibilidad: sustituir la jícara por otros materiales, sacrificando la esencia y la identidad de la bebida más representativa de nuestra región.
Wendy Jiménez.
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