Cada año, cientos de jóvenes llegan a Tuxtla Gutiérrez para estudiar la universidad, enfrentando retos económicos y emocionales. Muchos reciben alrededor de 500 pesos semanales, por lo que deben organizarse para pagar renta, transporte y alimentación. Algunos optan por cocinar, compartir despensa o incluso saltarse el desayuno para ahorrar. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Chiapas registra una tasa de deserción escolar del 4.8% en nivel superior, reflejo de las dificultades que enfrentan estudiantes foráneos.
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