En el municipio de Ocozocoautla, la tranquilidad de los comerciantes se ha visto fracturada por una ola de extorsiones telefónicas que se ha convertido en el “pan de cada día”. Bajo un sofisticado modus operandi que incluye el espionaje a través de redes sociales, delincuentes intimidan a los locatarios con detalles precisos sobre sus movimientos familiares y actividades comerciales para exigir fuertes sumas de dinero. Esta situación de inseguridad, que ha escalado en los últimos cuatro años, no solo ha provocado pérdidas económicas, sino también el cierre definitivo de negocios ante el temor de represalias violentas.
Wendy Jiménez.
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