En Berriozábal, las cocineras de San Sebastián trabajan desde antes del alba para alimentar a todo el pueblo durante la fiesta patronal. Más de veinte mujeres elaboran tamales, cochinito, pozol y otras ofrendas; su meta es que nadie quede con hambre. El esfuerzo colectivo, sin pago y con recompensa espiritual, sostiene la celebración: danzantes, vecinos y visitantes comparten la mesa y la devoción cada 17 de enero con orgullo siempre.
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