En el corazón de las tradiciones de Chiapas, específicamente en Suchiapa y la colonia Terán, la flor de espadaña se erige como un símbolo fundamental de las festividades de la Santa Cruz. Sin embargo, más allá de su valor ritual, esta planta es un tesoro biológico que los especialistas catalogan como un “fósil viviente”. Con orígenes que se remontan al periodo Mesozoico y características similares a las de los pinos, esta especie primitiva enfrenta hoy una crisis silenciosa; la sobreexplotación para fines religiosos está frenando su ciclo natural de reproducción, poniendo en riesgo la permanencia de una herencia natural que ha sobrevivido millones de años.
Reynaldo Esquinca.
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