Este 21 de marzo, las calles y viveros de Berriozábal se tiñeron de un amarillo vibrante para recibir la primavera. Lo que comenzó como un fenómeno viral en redes sociales se ha transformado en una sólida dinámica comercial que moviliza a jóvenes y familias en busca del regalo ideal: flores amarillas. A pesar de que el termómetro supera los 30 grados en la región, los productores locales han logrado esquivar los estragos de la sequía gracias al riego con agua de pozo, permitiéndoles mantener precios accesibles.
Jorge David Pérez.
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