Lo que comúnmente termina en el contenedor de basura podría ser la solución al problema de la contaminación por plásticos. Investigadores chiapanecos han desarrollado un método para aprovechar los residuos agroalimentarios, como las semillas y cáscaras de mango, rambután y guaya, que representan hasta el 40% del peso total del fruto. A través de la extracción del almidón del cotiledón, este proyecto no solo busca sustituir espesantes alimenticios tradicionales como la fécula de maíz, sino también liderar la creación de bioplásticos flexibles y resistentes que prometen revolucionar la industria de los empaques sustentables en la región.
Reynaldo Esquinca.
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