En el corazón de las comunidades de Tapachula, el Sábado de Gloria no se vive en silencio, sino al ritmo de “La Gracejada”. Esta singular tradición, donde jóvenes se visten de mujer para representar la pereza y burlarse del diablo, se resiste a desaparecer. A pesar de haber perdido terreno en el centro de la ciudad, los barrios y periferias mantienen viva la llama de una costumbre que mezcla la picardía, la fe y la organización comunitaria, culminando con la simbólica quema de Judas para purificar el espíritu colectivo.
Jorge David Pérez.
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