En la antigua Chiapas, la obsidiana no fue solamente una piedra, sino un elemento estratégico que funcionó como motor de la vida cotidiana y ritual de la cultura Maya. Este vidrio volcánico, valorado por su dureza y filo extremo, permitió a ciudades como Palenque y Tenam Puente integrarse a vastas redes de intercambio que trascendían fronteras. Según investigaciones del arqueólogo Roberto López Bravo, el análisis de estos fragmentos revela que el material era importado desde yacimientos lejanos en Guatemala y el centro de México, recorriendo complejas rutas fluviales y terrestres que hoy nos permiten entender la sofisticada organización económica y el estatus social de las civilizaciones prehispánicas.
Reynaldo Esquinca.
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