Ocozocoautla ha dejado de ser el pueblo de calma y alegría de antaño para convertirse en un archivo vivo de la ausencia. En las esquinas y postes de “Coita”, los anuncios de productos han sido reemplazados por los rostros de quienes faltan en casa, pegados por madres que se niegan a que el tiempo y el silencio institucional borren su rastro. Ante investigaciones que no avanzan y un tejido social transformado por el miedo, estas familias han hecho de las calles su última trinchera, con una sola petición para la ciudadanía: respeto a sus fichas de búsqueda, la única esperanza que les queda para encontrar a sus seres queridos.
Jorge David Pérez.
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