Las recientes presentaciones de My Chemical Romance en la Ciudad de México demostraron que el movimiento “emo” no era una etapa, sino una identidad inquebrantable que ha resistido el paso del tiempo. Casi 20 años después del lanzamiento de su disco más emblemático en 2006, cerca de 120,000 fanáticos inundaron la capital con flecos y delineador negro, transformando el concierto en una verdadera máquina del tiempo. Para una generación que hoy enfrenta los retos de la vida adulta en sus 30, el regreso de MCR fue la confirmación de que crecer no significa abandonar aquello que te salvó en la adolescencia, reafirmando que su conexión con la música es, y seguirá siendo, un refugio emocional eterno.
Elizabeth Marina.
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