En el corazón de Tuxtla Gutiérrez , donde el claxon y el murmullo de la prisa suelen ser los protagonistas, emerge un sonido que obliga a detener el paso. Es el saxofón de don Nolberto Camacho, un músico cuya maestría no es herencia genética, sino el resultado de una batalla solitaria de siete horas diarias de práctica. Tras vencer los prejuicios de quienes no creían en él y superar la vergüenza inicial de tomar la calle como escenario, Nolberto se ha convertido en el guardián de la armonía urbana, demostrando que el trabajo honrado y el arte nacido de la persistencia son la verdadera definición del éxito.
Jorge David Pérez.
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