Celebrar con disparos al aire es una práctica mortal que cada Navidad enluta a familias inocentes. Contrario al mito popular, una bala lanzada al cielo no desaparece; regresa a la tierra con velocidad suficiente para perforar cráneos y órganos vitales, impactando a menudo a personas a cientos de metros de distancia. Las autoridades instan a la población a evitar esta conducta irresponsable, recordando que la seguridad de tu comunidad depende de festejar con paz y sin armas.