El paisaje de Tuxtla Gutiérrez ha sufrido una metamorfosis irreversible. Donde antes se mecían las milpas de maíz, frijol y calabaza, hoy se levantan planchas de concreto y nuevos desarrollos habitacionales. La voraz expansión de la mancha urbana ha desplazado la vocación agrícola de zonas emblemáticas como San José Terán y Cerro Hueco, convirtiendo lo que los cronistas llamaban “el granero de Tuxtla” en densas zonas residenciales donde la agricultura se resiste a morir, sobreviviendo apenas como una práctica de nostalgia y autoconsumo para las familias fundadoras.
Reynaldo Esquinca.
¡ÚNETE A NUESTRO CANAL DE DIFUSIÓN DE WHATSAPP Y ENTÉRATE DE LA INFORMACIÓN AL MOMENTO! CLIC AQUÍ