Con el sonar del último timbre escolar, las vacaciones de Semana Santa han comenzado oficialmente, pero para los comerciantes de Berriozábal, el panorama no es tan refrescante como esperaban. Lo que tradicionalmente es la "época dorada” para la venta de albercas, salvavidas y artículos de playa, hoy enfrenta aguas turbulentas. Entre una inflación que no da tregua y una aguda crisis de agua que impide a las familias costearse el lujo de llenar una piscina en casa, los estantes permanecen llenos mientras la esperanza de los locatarios se mantiene apenas a flote.
Jorge David Pérez.
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