El acoso afectivo, la manipulación mental y la agresión insospechada suelen disfrazarse de “buenas intenciones” para limitar la libertad de las mujeres. La violencia emocional es una de las formas de abuso más presentes y, a la vez, de las más invisibles, pues no deja marcas físicas pero sí una profunda desvalorización. Según datos del INEGI, esta es la agresión con mayor prevalencia en el país (51.6%). En el marco del 8 de marzo, compartimos la historia de una sobreviviente que, tras vivir bajo la sombra del control y el aislamiento, logró transformar su dolor en un emprendimiento propio, demostrando que con apoyo institucional y familiar, siempre es posible recuperar la paz.
Wendy Jiménez.
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