El primer cuadro de Tuxtla Gutiérrez enfrenta el fenómeno de “isla de calor urbana”. El asfalto y concreto absorben energía solar, liberándola incluso durante la noche. Ante la escasez de árboles, la sensación térmica se dispara, afectando principalmente a niños y adultos mayores. Activistas proponen crear refugios climáticos con vegetación nativa y reforestación para mitigar este efecto acumulativo en el corazón de la capital chiapaneca.
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