Bajo el implacable sol de Tuxtla Gutiérrez, donde el termómetro desafía los 30 grados y el asfalto parece arder, surge una figura que ofrece más que un simple alivio térmico. María Elena Aguilar, conocida de cariño como Doña Malena, ha convertido una hielera de bolis en su trinchera de vida durante los últimos siete años. Pero su labor va más allá del comercio; entre sabores de coco, cacahuate y nanchi, Malena reparte lecciones de humanidad, regalando una sonrisa o un producto a quien tiene el alma triste, demostrando que en la capital chiapaneca, ni el calor más fuerte puede derretir las ganas de salir adelante.
Jorge David Pérez.
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