Estudiar en Tuxtla Gutiérrez se ha convertido en una prueba de resistencia física. Con el termómetro al alza, el “calor entorpecedor” y los bochornos constantes han obligado a la comunidad estudiantil a transformar su rutina diaria; entre ventiladores que no bastan, botellas de agua obligatorias y estrategias de salud, docentes y alumnos intentan mantener la concentración en salones que, en muchos casos, carecen de la infraestructura necesaria para mitigar el impacto climático.
Wendy Jiménez.
¡ÚNETE A NUESTRO CANAL DE DIFUSIÓN DE WHATSAPP Y ENTÉRATE DE LA INFORMACIÓN AL MOMENTO! CLIC AQUÍ