En Tuxtla Chico, el aroma a pan recién horneado es mucho más que una invitación al paladar; es el testimonio de una tradición que se amasa con resistencia. Entre el calor de las brasas y el proceso manual, historias como la de Germán Ramírez, un arquitecto de profesión que cambió los planos por la harina ante la falta de oportunidades, demuestran que el oficio panadero es un arte de voluntad. A pesar de los constantes desafíos de la inflación, este rincón del Soconusco lucha por mantener el sabor auténtico que solo el horno de leña y el trabajo artesanal pueden otorgar.
Jorge David Pérez.
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