Cuando el termómetro sube en Tuxtla Gutiérrez y el sol del mediodía no da tregua, los chiapanecos no buscan agua, buscan identidad. El pozol, esa mezcla perfecta de maíz y cacao, se mantiene como el alivio por excelencia y un símbolo de resistencia cultural. A través de manos expertas como las de Martha Patricia Morales, quien ha dedicado más de tres décadas a este oficio, descubrimos que el secreto de una buena jícara no solo reside en la calidad del grano, sino en una herencia familiar que lucha por no ser desplazada por la modernidad y los refrescos embotellados.
Jorge David Pérez.
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