En un pequeño rincón del Centro Cultural Jaime Sabines, el tiempo parece detenerse entre el aroma al papel antiguo y el pegamento fresco. Allí, Saraín, un artesano con más de 30 años de trayectoria, se dedica a una labor casi sagrada: devolverle la vida a los libros que el tiempo y el uso pretendían condenar al olvido mediante la restauración. Para él, restaurar no es solo una técnica de encuadernación, es un acto de respeto hacia la historia contenida en cada página. En un proceso que describe como un “análisis clínico”, Saraín transforma ejemplares deteriorados en tesoros renovados, manteniendo vivo un oficio que, además, se encarga de heredar a las nuevas generaciones.
Elizabeth Marina.
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