La danza inclusiva abrió un espacio donde personas con y sin discapacidad encuentran libertad, sanación y pertenencia. A través de la música y el movimiento, participantes derriban prejuicios y demuestran que el arte no tiene límites. Instructores y bailarines coincidieron en que la sociedad suele imponer barreras, pero en la pista todos pueden expresarse, convivir y sanar emocionalmente.
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